El chavismo está próximo a cumplir 17 años en el poder y nunca antes había enfrentado unas elecciones en circunstancias tan adversas. Los comicios parlamentarios del 6 de diciembre llegan en medio de una crisis económica sin precedentes en la historia de Venezuela. El Fondo Monetario Internacional estima que la recesión estará este año en el 10% y la inflación acumulada será de 160 puntos, cifra que algunos economistas califican como conservadora, ante el silencio del Banco Central de Venezuela que no publica los índices de inflación desde diciembre de 2014.
Este cuadro de deterioro está compuesto también por el desabastecimiento de una importante lista de productos básicos como papel higiénico o leche, y por la hiperdevaluación de la moneda nacional, el bolívar, frente al dólar. Un escenario que el presidente Nicolás Maduro ha atribuido a lo que denomina la “guerra económica”, un complot de la “burguesía parasitaria” para derrocar a la “revolución”.
Pero ese discurso no ha calado en el grueso de los electores. Según el más reciente estudio del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (Ivad), el 47,8% de las personas cree que el desabastecimiento es culpa del gobierno nacional, el 64,9% ha dicho tener “ninguna confianza” en que el jefe de Estado pueda resolver los problemas que confronta el país y sólo una cuarta parte de los consultados cree que la “guerra económica” es cierta.
Maduro, que según la empresa Datanálisis tiene una popularidad entre el 20 y el 25%, ha tenido que echar mano de la figura de Hugo Chávez durante la actual campaña. Según la misma encuestadora, el fallecido presidente venezolano es, a dos años y nueve meses de su muerte, 30 puntos más popular que su sucesor. Por eso la frase “estos son los candidatos de Chávez” se repite una y otra vez en la retórica oficial. Chávez fue un portaviones en vida y también lo es después de fallecido, pero por primera vez en la historia de la “revolución bolivariana” pareciera que se necesita mucho más que el uso de su imagen para ganar esta elección.
La empresa Keller y Asociados, en un estudio correspondiente al cuarto semestre de 2015, da una ventaja a la oposición de 34 puntos sobre el oficialismo en la intención de voto para las elecciones parlamentarias. Por su parte Félix Seijas, de la encuestadora Delphos, ha asegurado que la tendencia es bastante clara: “El voto nacional se inclina a la MUD”, con un margen que estima en 20 por ciento. Incluso Oscar Schémel, presidente de Hinterlaces, una firma de referencia para el oficialismo, ve difícil que el chavismo logre la mayoría parlamentaria. Schémel, en el congreso anual de Federación de Industriales, pequeños, medianos y artesanos de Venezuela celebrado esta semana, ha advertido que “difícilmente el chavismo logrará mayoría parlamentaria”.
Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, ha escrito a pocos días de la elección que la incertidumbre principal en esta oportunidad se refiere a “la magnitud de la brecha a favor de la oposición”, en términos de número de diputados.
87 elecciones independientes
El 6-D los venezolanos renovarán la Asamblea Nacional (AN), nombre oficial del parlamento, que estará compuesto por 167 diputados, tres de ellos representantes de los pueblos indígenas. La mayoría simple, que corresponde a la mitad más uno de los diputados, se logra con 87 escaños. La Constitución venezolana establece que para emitir votos de censura contra el Vicepresidente o los ministros, y aprobar leyes habilitantes que permitan al Presidente legislar se requiere del consenso de 3/5 partes de los parlamentarios.
Con una “mayoría calificada” de dos terceras partes de la AN se puede convocar una Asamblea Constituyente o reformar la Constitución, entre otras atribuciones. Estos dos últimos escenarios lucen difíciles de conseguir para cualquiera de los bandos en disputa, según los sondeos.
A diferencia de lo que se puede creer, los comicios parlamentarios no deben ser vistos como una elección nacional, sino como 87 elecciones independientes, porque en esa cantidad de circunscripciones se ha dividido al país. El total de votos nacionales no es determinante, y eso quedó demostrado hace cinco años cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) obtuvo 48,13% de los sufragios que se tradujeron en una mayoría parlamentaria de casi el 60 por ciento de los escaños.
Esa “sobrerrepresentación” del Psuv en 2010 fue producto de la creación de nuevas circunscripciones y del cambio de la Ley Electoral, según explica Eugenio Martínez, periodista especializado en la fuente comicial. “Estrictamente hablando, el cambio de las circunscripciones lo que hizo fue darle al Psuv aproximadamente ocho diputados que no le correspondían”, ha dicho Martínez en una reciente entrevista publicada por el semanario “La Razón”.
El milagro de la “ingeniería electoral”
Para esta oportunidad, el Consejo Nacional Electoral, institución del Estado encargada de organizar los comicios, también realizó modificaciones del número de diputados a elegir en algunas circunscripciones, decisión que fue protestada en su momento por la Mesa de la Unidad. Se redujo el número de diputados a elegir en zonas donde la tendencia histórica favorece a la disidencia y se aumentó en circuitos chavistas. Martínez estima que estos cambios afectan seis circunscripciones en las que se disputan tres escaños.
En Venezuela se puede tener mayoría en el Parlamento obteniendo menos votos y de eso es consciente el Psuv.
Los ajustes en las reglas de juego, aunados a la puesta en marcha de una maquinaria electoral que mueve a las bases del chavismo desde sus casas hasta los centros de votación el día de la elección y se jacta de haber ganado 18 de las últimas 19 elecciones celebradas en el país, representan la gran fortaleza de este sector. Además, existen acusaciones como la del diputado Walter Márquez sobre el “grave delito de corrupción” y el “ventajismo” que representa el uso de los recursos del Estado para hacer campaña.
Luis Vicente León ha concluido en un análisis publicado en septiembre que el gobierno sabe que se encuentra en “situación crítica”, pero también controla las instituciones y los recursos. Eso le permite “hacer la ingeniería electoral que lo potencia, incluso cuando el soporte popular se complica”. Esa “ingeniería electoral” garantiza al chavismo la transformación de votos en escaños y mantiene viva su esperanza de repetir como mayoría el próximo domingo, incluso en contra del sentimiento mayoritario que reflejan las encuestas y el malestar que se vive en la calle, aunque parezca increíble.